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Cuando nada se sabía del café en Colombia y los territorios que conformaban el gran Caldas eran usados como extensas zonas tabacaleras a finales del siglo XIX, nadie se imaginaba el panorama de oportunidades que ofrecería el naciente cultivo de los granos rojos.

Más de un siglo después se evidencian tantas historias de amor y dolor alrededor de este sembrado verde que trajo en sus primeras épocas  un sólido desarrollo marcado por la generación de fuentes de empleo, aumento de la población en las áreas de influencia y un vasto despliegue económico que estimuló sectores como la construcción y el comercio.

fotoLa transformación del territorio fue absoluta y definitiva. El cultivo del café fue generador de un nuevo modus vivendi para los habitantes de esta vasta zona colombiana. Como si desde esta semilla se engendrara un nuevo ADN, la gente empezó a adoptar una nueva cultura, una nueva forma de vestir, de vivir, de comer y hasta el entorno se tiño definitivamente de verde. El resultado de este dinámico movimiento de cambios permitió que los cuatro departamentos protagonistas  de esta historia, es decir, Quindío, Caldas, Risaralda y el Valle del Cauca ostentaran la dignidad de ser patrimonio inmaterial de la humanidad, una posición concedida hace tres años por la UNESCO como resultado de un proceso centenario que creó el Paisaje Cultural Cafetero para el mundo.Para bien o para mal, este reconocimiento apareció en medio de la crisis que afronta el café colombiano desde hace un par de décadas y que contrario a lo que sucedió en las primeras épocas, hoy pone en riesgo el más preciado tesoro de los valles y las montañas del centro occidente del país.

A instancias de las luchas que libran los agricultores con el Estado por obtener un mejor precio del grano, el turismo se alimenta de un desbordado interés foráneo que desde las orillas del descanso, la cultura, el entretenimiento y el paisaje acerca a un creciente mercado nacional y estimula la atracción de visitantes internacionales que llegan a la zona y quedan enamorados de inmediato.

s1La transformación 

Prueba de las herencias del café que hoy convierten al departamento del Quindío en zona obligada de  vacaciones, se vislumbra, por ejemplo, en las emociones que produce el Parque del Café, mayor referente del turismo regional. Las fincas cafeteras, por décadas lugar de descanso y alimentación de los campesinos en tiempos de cosecha, ahora son encantadores alojamientos campestres, sitios que guardan las mismas características de aquellas épocas doradas de los granos maduros. Por el mismo estilo se podrían citar más de 50 experiencias que tienen como insumo base el café.

Paradójico resulta decir que ahora si se toma buen café en el Eje Cafetero colombiano, porque aunque mito o realidad, los cafeteros exportaban los mejores granos de café y dejaban la pasilla para el consumo local, un tipo de grano de calidad regular que no pasaba los estándares internacionales. Ahora en las principales capitales de la zona cafetera, en los municipios y hasta en s2los mismos atractivos turísticos se consigue café de la mejor calidad, al nivel de tiendas como Starbucks.

Del cambio que significó un día, hace más de cien años, dejar a un lado el tabaco para cultivar café, queda la enseñanza de conservar a como dé lugar este panorama de oportunidades que marcó el progreso de la región para que pueda  producir  otros cien años de nuevos y valiosos frutos.