Compartir:

En la memoria permanecen intactas, sin embargo el modernismo ha hecho de ellas una especie de museos solitarios que aparecen de repente en los caminos.

f 1Son escasas y no han perdido protagonismo en sus áreas de influencia, sin embargo su función ha mermado con respecto a la multiplicidad de servicios que prestaban a los campesinos cuando las carreteras hacían largos los trayectos hasta los cascos urbanos de los municipios quindianos.

Eran  épocas de vigor para las fondas camineras que atravesadas sobre vías que cruzaban hacia varios destinos se convertían en los surtidores naturales de tantos productos que no era necesario ir hasta el pueblo porque todo lo había allí.

f 2Desde el mercado, la ropa, los zapatos, las  herramientas, los utensilios, los productos del campo, hasta cosas tan sencillas como las puntillas hacían parte de su amplia oferta. Su importancia se puede medir hoy a lo que hacen las grandes superficies con su infinidad de servicios.

Recorrido por los recuerdos  

Eran sitios de encuentro obligados de la comunidad. Alrededor de ellas estaban los puntos de partida del transporte y con frecuencia se realizaban reuniones de todo tipo entre los pobladores.

Con Javier Baena Arango, un quindiano enamorado de los recuerdos de las fondas y quien con un grupo de amigos formó, hace algunos años, un club de fonderos del Quindío,  www.mapatur.com hizo un recorrido para indagar acerca de estos patrimonios que se pierden en el tiempo. Las experiencias quedaron impresas en el  audiovisual que acompaña este material  periodístico.

Reconocidas por su diseño arquitectónico tomado de los rasgos de la colonización antioqueña, colores muy típicos y su tamaño, fueron fundamentales como motor de la economía desde principios hasta pasado la mitad del siglo pasado.

Fondas originales quedan muy pocas, aunque  su fama se ha quedado intacta en el tiempo y ha permitido que en casi todos los hoteles campestres del departamento  haya una para alegrar las noches de sus huéspedes.

Valoradas en gran medida por los cientos de turistas que arriban al Quindío cada año, las fondas camineras se resisten al paso del tiempo y no pierden el encanto, por el contrario son la huella indeleble de una historia que todavía se cuenta con nostalgias y emoción.