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Muchos intereses se tejieron alrededor del movimiento separatista emprendido hace más de 50 años para convertir el Quindío en departamento colombiano. Ligados a Caldas, la clase política de este sector del país no simpatizaba con la administración ejercida desde Manizales y se produjo  la más firme decisión de liberar este territorio.

Entre las muchas anécdotas se recuerda una en especial protagonizada por la congresista ya fallecida Lucelly García de Montoya, quien para la época oficiaba como concejal del municipio de Calarcá.

Si bien la fundación de Armenia se dio dentro de una inconformidad entre los pobladores que vivían más allá del puente La María, es decir Calarcá, y los de más acá, por el manejo que la multinacional Burila ejercía sobre estas tierras, disputa de la cual nació el remoquete de
cuyabros para los habitantes de la ciudad capital, esta historia centenaria fue el principal argumento para que la señora García de Montoya impusiera sus propias conclusiones a la hora de apoyar el proyecto de separación del departamento de Caldas y en especial la escogencia de la nueva capital.

La frase considerada lapidaria por quien participó como fuente oficial de esta nota, el director del periódico La Crónica y miembro de la Academia de Historia del Quindío, Miguel Ángel Rojas Arias, es recordada  no solo por el entorno histórico que la rodea, sino por los sentimientos y las emociones que cruzaron por la cabeza de quienes emprendieron esta difícil tareas de buscar la autonomía administrativa.

En un momento de efervescencia, la fulgurante figura política de la Villa del Cacique le confesó al que fuera el primer gobernador del Quindío, Ancízar López López, sus preferencias a la hora de elegir la ciudad capital, no sin antes pronunciar lo que pasaría si su iniciativa no gozaba de la aceptación.

En este video de un minuto, se relatan todos los detalles de la simpática anécdota que también hace parte de la más reciente historia de nuestro departamento.